SOBRE LA MOCIÓN DE GALAPAGAR

26.09.2008

Publicado en el Núm. 146 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Se vertieron ríos de tinta. Hasta se abrió un forito en internet donde, amparándose en la seguridad del anonimato, se insultaba a los falangistas comparándonos con ANV. Y todo por razón de nuestro acuerdo preelectoral -un sencillísimo pacto entre dos formaciones de fuerte contenido municipalista- con el partido político Foro Verde y la entrada de éste en el gobierno municipal de Galapagar tras las Elecciones de Mayo de 2.007. Se decía que los asesinos fascistas habían dado el gobierno al PSOE de Galapagar. Se abrieron las fosas guerracivilistas -todavía sin el inestimable auxilio del Magistrado Garzón- y se vinculaba al nuevo gobierno municipal con aquello.

Se dijeron muchas -muchísimas- cosas entonces. Y la verdad es que nosotros no lo pasamos mal. Publicidad gratuíta y posibilidad de hacer valer nuestros justos argumentos en los foros públicos serranos. Es lo que tienen los tontolabas... que terminan ocasionando efectos contrarios a los deseados. Os recomiendo, en este sentido, que veáis una gran película francesa -y su anterior obra de teatro- que se llama La Cena de los Idiotas. Seguro que la conocéis. Por mi parte, cada vez que la veo la asocio -inevitablemente- con lo que la extrema izquierda llegó a opinar durante el año pasado no sólo de la opción falangista y de su derecho a formalizar pactos políticos, sino de la propia situación postelectoral creada en Galapagar tras las Elecciones de Mayo de 2.007.

Estos ataques nos ofrecieron múltiples y ricas enseñanzas. En primer lugar, que Evita Perón tenía razón cuando avisaba a los sindicalistas argentinos acerca de una circunstancia preocupante... la de que la contra no perdona muchachos. Y en efecto, es que ni aquí ni en Argentina perdona la contra. Siempre habrá una estaca para abatirse contra los falangistas desde el mismo momento en que asomemos la cabeza. Y la idea de la estaca ya no sólo es una metáfora más o menos afortunada, ya que el garrote del llamado antifascismo -que no es más que el brazo armado de todo este conglomerado ideológico y anónimo- se abate constantemente sobre nosotros. Ayer fue Guadalajara -ánimo Miguel- y pasado Tarrasa, donde un cura falangista de setenta años ya ha recibido varias raciones de diálogo provenientes de estos reputados demócratas. Por suerte, aquí se trató sólo de la estaca dialéctica-internertera. La metafórica. Qué razón tenía la Compañera Evita.

En segundo lugar, aprendimos que las comparaciones son odiosas. Porque nosotros no somos ANV. Nosotros no somos como los afables nacionalistas vascos que han sido ilegalizados -más vale tarde que nunca- por nuestro más alto Tribunal. Y es que este proceso político-jurídico debería enseñar varias cosas a nuestros alegres detractores. Básicamente una. La de que, en caso de duda sobre la legitimidad democrática de una determinada opción política, lo que uno debe hacer no es marear hasta el aburrimiento en internet. Así no se defiende a tu Municipio de presencias no deseadas. Lo que uno debe hacer es juntar todas esas pruebas de ilegitimidad que dice tener y llevárselas al Fiscal General del Estado. Porque el proceso judicial de ilegalización funciona, y es contemplado en el Estado de Derecho con esa concreta finalidad: prohibir las actividades de colectivos políticos que persigan fines ilícitos a través de medios igualmente ilícitos. Eso es lo que hubieran hecho ciudadanos conscientes y responsables.

Esto nos faltó en Galapagar. Que alguno de estos valientes luchadores de la libertad iniciara en contra nuestra este sencillísimo procedimiento judicial. Porque si éramos como ANV -incluso peores, se llegaba a afirmar en aquellos meses de luna de miel con el nacionalismo terrorista- y porque si nuestros fines y medios políticos eran ilícitos, estos guerreros mediáticos lo hubieran tenido fácil en el Tribunal Supremo. Nada de eso hicieron, por supuesto. Somos lícitos, legales y legítimos -ojo a estos tres vocablos- y, por esta razón, debieron limitarse al insulto anónimo y al enredo político de opereta.

Sea como fuere, se alcanzó un acuerdo de gobierno en Galapagar. Ni que decir tiene que los falangistas tuvimos muy poco -o nada- que ver con aquello. Pero nos gustó. Y así lo hemos afirmado reiteradamente, en apoyo de la Alcaldía de la socialista Carmen Toledano.

La verdad es que yo lamento muchísimo lo que está pasando en Galapagar y lo de la Moción de Censura. Y lo siento porque el gobierno de Carmen Toledano -los apellidos imprimen carácter a veces- significaba un modelo de futuro para la Sierra de Madrid. Un acuerdo político entre distintas formaciones -entre sensibilidades diferentes- que obligaba al gobierno consensuado del municipio. Un proyecto político, de desarrollo no siempre sencillo, que desembocaba en un diálogo constante y en un necesario acuerdo para gobernar. Un frente amplio, lo llamamos los falangistas, como instrumento político eficaz para constituir una alternativa a los viejos usos monolíticos del Partido Popular en nuestra Sierra. Un acuerdo de partidos capaz de sustituir a las férreas mayorías de la derecha serrana al frente de las corporaciones municipales. Este proyecto político terminará el día 30 de Septiembre a raíz de una Moción de Censura presentada por el PP y La Plataforma (una de las fuerzas que, hasta este mismo momento, había apoyado a la Alcaldesa). La vieja política frente a la nueva.

Yo mando un fuerte abrazo a Carmen Toledano, y sé que en la oposición lo va a hacer bien. A ella debemos dos positivas enseñanzas constatadas en los últimos meses: una, que a pesar de los evidentes claroscuros de su gestión, es posible gobernar desde el consenso; y dos, que la contra no perdona muchachos...

Pedro Peregrino - Calle la provincia 5. Burgos. 09128
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