PACTAR DESDE EL FALANGISMO
Publicado en el Núm. 42 (ÉPOCA II) de La Gaceta Escurialense.

La proximidad de los Comicios del 2.007 -amén de la convocatoria catalana dentro de pocos meses- ha vuelto a reabrir el debate acerca de la forma en la que los falangistas debemos concurir a estos eventos electorales, centrándose la discusión -cómo no- en si nuestra opción política debe presentar sus Candidaturas en solitario y sin ninguna clase de alianzas o si, por el contrario, los falangistas podemos coaligarnos con otras formaciones políticas al objeto de dar esta batalla electoral.
El problema no es, como puede parecer a simple vista a los no iniciados, una cuestión insustancial o accesoria. Se trata de una verdadera cuestión de principios para las distintas corrientes falangistas. En realidad, podríamos decir que es el debate estrella de nuestra precampaña: muchas discusiones han girado en torno a esta espinosa cuestión. Y lo peor es que seguirán girando, casi a borde de urna.
Al día de hoy, existen dentro de la familia falangista dos corrientes perfectamente determinadas y definidas. De un lado, los que opinan que todo pacto es inviable. De otro, los que consideran que el pacto con otras formaciones políticas no es sólo necesario, sino muy positivo para el desarrollo posterior de nuestra opción.
Así, existe un importante sector del falangismo que ha acordado, a través de sus legítimos órganos partidarios de debate y decisión, la concurrencia en solitario a las próximas convocatorias electorales. Se trata, y siempre según su propia estrategia, de fortalecer el Partido antes de lanzarlo a la formalización de acuerdos con otras fuerzas falangistas o no falangistas. Quieren reforzar la estabilidad de nuestro evidente crecimiento -en los últimos meses- sin riesgo de que su organización se vea involucrada en pactos electorales de contornos poco definidos. Crecer sin riesgo y en soledad. Fortalecer los resortes partidarios internos antes de pactar con otras formaciones.
De otro lado existe otra familia falangista que no sólo cree en la necesidad del pacto -en las alianzas tácticas con otras formaciones- sino que la estima como una de las prioridades básicas de nuestro movimiento político. Se trataría de llegar a acuerdos políticos con otras formaciones que posibilitaran la viabilidad política de nuestro crecimiento. Aprovechar las nuevas coyunturas abriendo nuestro flanco a otra clase de formaciones o grupos políticos. En este sentido, y desde hace más de un año, nuestras claves de actuación municipal se encuentran regidas por la llamada Declaración de San Lorenzo, que propugna el pacto como salida política viable.
Estas son, a grandes rasgos, las posturas en liza. Las dos variantes que, sobre concurrencia electoral, se están barajando al día de hoy. El nudo gordiano de las próximas Elecciones.
Yo creo que, para que este debate sobre los pactos pueda tener una relevancia notable en el desarrollo de nuestra alternativa política, debe partir de una premisa inexcusable. Debemos de saber, en primer lugar, con quién se pretende pactar. Con qué formaciones alcanzarían los falangistas un acuerdo político para concurrir juntos a las Elecciones. Y yo creo que nosotros hemos dado -inesperadamente y por razones de simple agilidad organizativa- con la clave de este puzzle complicado.
Durante años, nuestros teóricos han polemizado acerca del tipo de fuerzas con las que los falangistas pueden llegar a acuerdos válidos. Ello, claro está, los teóricos o ensayistas que, de una forma u otra, se han mostrado proclives a la negociación. Entre éstos, existían dos grandes corrientes: en primer lugar, una evidente corriente extremoderechista, consistente en la creencia -más o menos acertada- que la salida natural del falangismo se encuentra en las formaciones o grupos situados a la derecha del Partido Popular. En segundo lugar, existe otra corriente que sostiene que el falangismo tan sólo podría pactar válidamente con grupos o fuerzas sociales que, al día de hoy y al calor del resurgimiento del asociacionismo ciudadano, estén luchando por puntos concretos también sostenidos por los falangistas: defensa del entorno medioambiental y cultural, violencia de género, grupos municipales independientes...
Dentro de esta doble posibilidad, debemos analizar para qué tipo de comicios deseamos el pacto. Por lógica, los pactos generales son más complicados y laboriosos que los municipales, y mucho menos ágiles y próximos a los problemas políticos planteados. Y yo creo que aquí reside el quid de la cuestión. En el fondo, no es más que una manifestación práctica de la línea política que, en un momento dado, queramos dar a nuestra alternativa: municipalismo o generalismo.
Os decía más arriba que La Falange ha podido encontrar la clave de esta difícil estrategia, y ello por razones de búsqueda de una mayor agilidad operativa, de una mayor autonomía de las estructuras territoriales del Partido. Y es que La Falange ha concedido absoluta libertad de pacto a cada una de nuestras organizaciones locales, con la única y lógica limitación de poner en conocimiento de una Comisión del Partido el pacto alcanzado. De esta forma, sólo en condiciones extremas de inviabilidad podría ser invalidado por la cúpula un pacto alcanzado por nuestra organización a nivel municipal.
El escenario para el pacto es, por lo tanto, eminentemente práctico y alejado de cualquier clase de análisis apriorístico de la cuestión. Nuestros responsables locales analizan, dentro del conjunto de formaciones políticas locales, con quiénes se podría llegar a acuerdos electorales puntuales. Básicamente, se trata de estudiar la trayectoria de los distintos grupos y personas en relación a nuestros postulados políticos y, posteriormente, se propone el acuerdo deseado. Sin cortapisas ideológicas. Sin importarnos si el grupo en cuestión pertenece a la llamada extrema derecha o si, por el contrario, se trata de un grupo municipal independiente o de un movimiento ciudadano o regional. A nosotros han dejado de importarnos las siglas. Primamos las ideas que cada uno tenga para el desarrollo adecuado de su propio Municipio. Política municipal sobre otra clase de consideraciones.
En nuestro ámbito geográfico, esta política de alianzas sin complejos ha dado un óptimo resultado. Se están alcanzando acuerdos con formaciones no falangistas, pero coincidentes con nosotros en puntos concretos y determinados de la acción política municipal. Ello motiva la formación de listas consensuadas de carácter amplío, cuyo eje básico gira en torno a un proyecto político para el Pueblo en cuestión, pero no en razones de política general o nacional. A nuestro modo de ver, este carácter abierto de una hipotética Lista en la que, en una proporción u otra, participemos los falangistas, viene a simplificar absolutamente la cuestión. El pacto se alcanza a través de la percepción que, de la realidad política y social de su Municipio, tienen los militantes de dicho Municipio. Nada de complicados pactos generales. Pueblo a pueblo y facilitados por el conocimiento directo sobre problemas y personas.