LE JOUR DE GLORIE EST ARRIVÉ

18.12.2023

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Hora de morir. (Blade Runner. Ridley Scott 1.982. Monólogo del replicante Roy Batty).

Es un tópico empezar un artículo con estas frases de Blade Runner aunque, a decir verdad, no me he resistido a hacerlo en lo que suponen de resumen generacional: de personas que -unidas por unas fechas próximas de nacimiento- se sienten identificadas de alguna manera por lo que dice el Replicante Batty. Los nacidos en los años sesenta hemos visto cosas asombrosas en un mundo en constante cambio. Y las seguimos contemplando todos los días. Los datos objetivos se consignan en los libros de Historia. Pero los sentimientos que todas estas cosas suscitaron en sus testigos -en nosotros- se perderán con el final de nuestra generación. Lágrimas en la lluvia.

Sin embargo, y puestos a citar iconos generacionales, y lágrimas y lluvia, prefiero los versos de la canción Demasiado Corazón de Willy Deville, en lo que tienen de renacimiento personal y de exceso de sensibilidad. Ni el dolor ni la pena -ni los distintos acontecimientos que han acompañado nuestros avatares personales- han conseguido doblegarnos: every morning I´m broken, every day I die, every night I weaken and every night I cry... lágrimas en mi cara abajo de la lluvia... lonely with my pride holding in my pain.

Solos con nuestro orgullo y soportando nuestra pena: muriendo a diario y volviendo a nacer a diario también. No se me ocurre un mejor resumen de lo que somos y de lo que hemos sido. Y es que no debiéramos tener miedo a los cambios. Nuestra generación ha sido testigo de transformaciones asombrosas. Nacimos en mitad de la Guerra Fría y con un mundo aburridísimo dividido en dos bloques que se autodenominaban antagónicos pero que -en realidad- constituían las dos caras de un mismo imperialismo. Vimos caer el Muro de Berlín y vimos -qué gracia y qué ironía- el fin de la Historia según Francis Fukuyama. Pudimos contemplar -de primerísima mano- la muerte de Franco y el paso desde la Dictadura del Caudillo al Régimen de 1.978, la Constitución, la ETA y nuestra entrada en la Unión Europea. Juan Carlos I y Felipe VI. El nacimiento de internet y de inimaginables avances tecnológicos. La Guerra de Vietnam y la del Yom Kippur, las Torres Gemelas y el auge del fundamentalismo. Las dos guerras de Irak y las dos ocupaciones de Afghanistán. El COVID-19 y las agresiones rusas. Crisis y más crisis en todos los ámbitos y niveles... eso hemos visto y eso podemos contar. Casi nada. Si algo nos ha enseñado la vida, desastres y tragedias personales al margen, es que nada es inmutable y que la vida -tanto a nivel colectivo como individual- nunca deja de sorprenderte. El vértigo de los últimos sesenta años es tan sólo comparable al vértigo que producen los próximos sesenta.

Todos estos acontecimientos han conformado el mundo de 2.023. Como pasos inexorables de un guión preestablecido, la sociedad occidental ha desembocado en una crisis profunda y decisiva. Un conjunto letal de elementos formado por la presión migratoria, la inoperancia política de nuestro sistema de representación y de gobierno, las amenazas imperialistas exteriores y el empobrecimiento gradual de la inmensa mayoría de nuestra población. Una situación social que -demostrando que vivimos sobre un polvorín inestable- acredita el indudable fracaso tanto de un modelo económico como de un sistema político. Se avecinan tiempos muy duros en los que, con independencia de la edad y del rol que tengamos dentro de nuestro entorno occidental, tendremos que sufrir y que luchar -a nuestros años- no sólo por la supervivencia de nuestras creencias sino también por el triunfo de nuestros más elementales ideales de solidaridad y de justicia. Con nuestros sesenta años vamos a participar en lo que no pudimos hacer a nuestros veinte. Se están produciendo grandes transformaciones y -debajo de nuestros pies- ruge la violencia de las corrientes encontradas y de los fenómenos históricos: un mundo pavoroso y oscuro está naciendo frente a la voluntad de luchar de los que todavía somos muy pocos. Al final de nuestro largo camino, ha resultado cierto aquello de le jour de glorie est arrivé. Porque, sin duda alguna, es la hora de formar los batallones y de luchar frente a la barbarie y a la injusticia, frente a la opresión de un mundo viejo que va a morir matando.  

Pedro Peregrino - Calle la provincia 5. Burgos. 09128
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