LA VISITA REAL
Publicado en el Núm. 29 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Se anuncia visita de los Reyes de España, ni más ni menos, a nuestro Pueblo, a la inauguración de uno de los edificios más feos de la España Moderna: el Auditorio, también conocido como el cubo, el búnker y otras lindezas semejantes. Los Reyes de España vienen al Concierto inaugural de este mamotreto, destinado a convertirse -siempre según la propaganda oficialista- en un referente cultural no sólo de la vida musical española, sino también del Sur de Europa. Pocos Edificios han sido tan criticados como este. Pocos, asimismo, son tan feos como este, y producen un desequilibrio con su entorno como este. Recuerdo haber visto, con la debida perspectiva, este cubo grisáceo recortándose en el horizonte de nuestro Pueblo. Haced la prueba, y mirad nuestro Pueblo desde arriba -en alguna de las muchas vistas posibles- y sobrarán las palabras para definir este invento.
Lo cierto es que vienen los Reyes al Concierto Inaugural de este referente cultural europeo. Vienen el día 3 de Julio, y uno no puede menos -maldades estivales- que acordarse del camino que deberán hacer para entrar allí. Esa irrepetible Avenida de los Reyes Católicos repleta de obras, baches, contenedores de basura y escombros, suelo irregular, aceras destrozadas y adoquines desprendidos. Este mal estado de esa vía pública que, a través de la iniciativa del combativo Víctor Alvarez del Grupo Correcaminos, ha denunciado ante el Ayuntamiento el Foro Ciudadano Escurialense considerando que, una calle en ese mal estado, es impropia de un Pueblo que aspira a convertirse en referente cultural de, nada menos, el Sur de Europa.
Nuestro Ayuntamiento es sagaz e imaginativo. Esto no lo digo yo: lo dicen los hechos. Ya sabéis, en toda la Sierra Noroeste las Corporaciones populares están saltando en pedazos, deshechas por guerras intestinas y por Concejales díscolos cansados de decir el ya archiconocido amén genovés. El amén a todo lo que sale de la Calle Génova. Nuestro Ayuntamiento, por contra, se mantiene unido y en orden, como una de las piedras del Monasterio. Por eso, y por la envidia que nos trae este hecho a los falangistas divididos, se le supone sagaz e imaginativo.
Y como es imaginativo, es posible que opte, para la vía pública en cuestión, por una solución estilo míster marshall. Por la berlanguiana solución de tapar el mal estado de la Avenida a través de una calle nueva -y superpuesta- de cartón piedra. Así los Reyes podrán pasar -sin problemas estéticos- por este sitio. Por este Real Sitio. Y recemos para que no se encuentren con una rata debajo de sus reales pies.
Vienen los Reyes a la Inauguración del Auditorio, y uno se alegra de ver a tan altos personajes cumpliendo con una actividad tan asumidamente propia. Los Reyes de España sirven, básicamente, para garantizar la Unidad de España y para acudir a inauguraciones diversas. Como está claro que para una de estas dos cosas han dejado de servir, siempre resulta una alegría comprobar que siguen sirviendo para la otra. Sin embargo, cabría preguntarse si, sobre todo atendiendo a lo carísimo que resulta, no sería más preferible encontrar otros métodos de inauguración más baratos. Al menos, es lo que mucha gente se está planteando al respecto.
El gusto español por las formas republicanas no es nuevo. Es tan antiguo como las insurrecciones cantonales. Sin embargo, este republicanismo social se había aparcado durante los años de la Transición, por obra y gracia del consenso social existente en torno a ciertos puntos esenciales de la organización del Estado. Roto el consenso, se rompe también la creencia en la Monarquía como forma de gobierno futura y viable. Al menos con la cuasi unanimidad que, hasta este momento, el asunto había disfrutado dentro del conjunto de las distintas opiniones sociales.
Este año 2.006 es el Año de la Memoria Histórica y de la desaparición de los símbolos del Régimen de Franco. Por esta razón, no resultan extrañas las cada vez más insistentes peticiones de desaparición de esta antaño sacrosanta Institución. Obra predilecta del Régimen. Digna Sucesora del Estado del 18 de Julio.
Y esto es lo que, a los pesados falangistas, nos parece más injusto. La Institución Monárquica, reestablecida con todos los honores por el Generalísimo (Juan Carlos: ese hijo que nunca tuve), resulta mucho más franquista que los Monolitos a José Antonio, pongo por caso. Entre otras muchas cosas, porque los falangistas nos opusimos -durante el Franquismo- a la Restauración Monárquica; porque los falangistas no éramos franquistas y el Príncipe Juan Carlos sí; porque José Antonio creía que la Monarquía en España era un régimen gloriosamente fenecido, oriéntadose el Nacional Sindicalismo -desde sus mismos orígenes- hacia las formas republicanas de organización del Estado. Hacia la llamada República Sindical.
Y aquí reside esta injusticia. En que ZP y sus secuaces han comenzado quitando los símbolos más fáciles: es decir, los símbolos mayoritariamente falangistas que, todavía, quedaban en nuestra geografía. Con los demás -con la sólida herencia del General- todavía no se atreven, aunque tenemos que reconocer que ya han comenzado a hacer sus pinitos.
Bromas aparte, resulta claro que la Institución Monárquica se justifica en función de su utilidad social dentro del conjunto de la ciudadanía y de sus instituciones constitucionales. A nuestro modo de ver, la pervivencia de un Rey al frente del Estado se justificaría en España a través de dos grandes, y elementales, funciones públicas: de un lado, garantizar la unidad solidaria de España y; de otro, servir de referente moral de conducta: de patrón o faro de comportamiento social. Y, ni en un caso ni en otro, la Monarquía está dando la talla.
La Casa Real no consigue -en el supuesto de que lo hubiese intentado alguna vez- frenar el proceso de desvertebración territorial y moral de España. Al mismo tiempo, su modo de vida -sus gastos corrientes- no conectan, ni por asomo, con las inquietudes y necesidades básicas del español medio. Suben los tipos de interés, aumentan los esfuerzos durísimos por tirar del pesado carro familiar, pero la Casa Real no parece frenar su nivel de gasto ni, tan siquiera, a través de simples gestos cara a la galería. Esto nos lleva a plantearnos si la Monarquía no sale demasiado cara. Demasiado cara, sobre todo, en función a su utilidad social o política efectiva. La España real frente a la España Real.
Sin embargo, y lejos de enfrascarnos en esta difícil cuestión de estado, disfrutemos de la visita del Lunes. Testas coronadas sobre el cubo. Referentes políticos sobre referentes culturales.