LA VISIÓN DEL GENERAL DE HIERRO

El General en Jefe del Ejército Ucraniano Valeriy Zaluzhnyi vino a conceder -antes de su relevo por el General Syrskyi- una interesantísima entrevista en The Economist. El General confirmaba -desde el punto de vista ucraniano- las impresiones que todos teníamos sobre el resultado de la contraofensiva de verano. Dice el General Zaluzhnyi que, al igual que ocurrió en la Primera Guerra Mundial, los avances tecnólogicos y su aplicación en el campo de batalla han determinado un estancamiento de la guerra. Ninguno de los contendientes puede, al día de hoy, atravesar las líneas del otro para avanzar en profundidad. Los combates en Ucrania se han convertido en una guerra de posiciones de fuego estático y de manifiesto desgaste, viéndose los asaltos ucranianos frenados por la dureza de las fortificaciones rusas. En este momento de la guerra, la evolución técnica de los distintos sensores dentro del campo de batalla -drones y demás instrumentos informáticos de localización- hacen imposible aquella acumulación de fuerza necesaria para crear sorpresa en el enemigo y para lograr una ruptura en sus defensas. Todo esto -y mucho más- nos ha dicho El General de Hierro -como admirativamente le han apodado las tropas ucranianas- sobre el estado actual del conflicto.
En estas difíciles condiciones, Zaluzhnyi centra la victoria ucraniana en dos factores: la consecución de una superioridad tecnológica capaz de romper los frentes rusos y la continuación de la ayuda occidental en una escala cualitativamente mayor de la que se está proporcionando. Son muchos los analistas que creen que la ayuda occidental sirve para que Ucrania resista, si bien no es suficiente para alcanzar un triunfo definitivo sobre la Federación Rusa. Occidente sigue temiendo una escalada del conflicto en caso de incrementar su ayuda militar -armas más sofisticadas y de mayor alcance- y este temor es uno de los instrumentos más poderosos del arsenal ruso. De seguir esto así, nos encontramos ante la paradoja de que Rusia -derrotada militarmente- pueda alcanzar un triunfo político in extremis después de todo este estropicio.
Y es que el tiempo juega a favor de Rusia. El año 2.024 puede traernos un cambio en la Presidencia de los Estados Unidos y, además, puede seguir acusándose el progresivo cansancio europeo a continuar con esta guerra. Putin confía en que -estancado el frente en sus líneas actuales- Occidente fuerce a Zelenski a negociar un alto el fuego si se produce efectivamente esta pérdida de apoyo occidental. Este Marzo se han celebrado las elecciones rusas, y Putin puede presentar a su opinión pública un reforzamiento de las defensas de las republicas anexionadas de Donetsk y Lugansk como una victoria, así como proclamar un total fracaso de Occidente en su intento de derrotar a la Rodina: una vez más, la Madre Rusia se habría enfrentado heróicamente a la decadente invasión occidental. De esta forma, la Federación Rusa habría conseguido una situación similar a la producida a raíz de su primera intervención de 2.014: unas tablas técnicas dentro de un frente estabilizado.
Las sociedades occidentales ya cometieron ese error cuando la Federación Rusa ocupó el Este de Ucrania y Crimea en 2.014, mirando para otro lado mientras el Ejército Ucraniano y sus voluntarios resistían -como podían- esa doble avalancha de violencia militar y de pública desinformación. Occidente y su insanísima costumbre de evitar los problemas cuando -de cualquier forma- van a ser inevitables. Los Acuerdos de Minsk no sirvieron más que para producir en Putin una sensación de impunidad frente a EEUU y Europa, además de para extender en el tiempo una agresión injusta y una vulneración manifiesta del Derecho Internacional. Diez años después, nos encontramos ante el mismo dilema: o consideramos que el problema ha dejado de ser nuestro y forzamos a Ucrania a llegar a un acuerdo infamante o, en cambio, reforzamos de tal manera al Ejército Ucraniano que no quepa ninguna duda respecto a una victoria total y rotunda frente a la Federación Rusa. Naturalmente yo me inclino por lo segundo.
La viabilidad del futuro de Europa depende de la decisión que ahora se adopte. La guerra que está librando Ucrania nos afecta a todos, en la medida en que la supervivencia de un militarismo ruso expansionista acabará ensuciándonos a todos. Cualquier solución que no pase por una derrota del Ejército Ruso supondrá un aplazamiento en la solución definitiva de este grandísimo problema.