LA GUERRA DE LOS SEXOS
Publicado en el Núm. 51 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

En 1.949, el maestro George Cukor rodaba La Costilla de Adán. Protagonizada por el maravilloso dúo Katharine Hepburn/Spencer Tracy, trata de la pugna que surge -de repente- en el seno de un matrimonio cuando tienen que defender y acusar -Abogado una y Fiscal otro- a una mujer ante los Tribunales. Una mujer que, sorprendiendo a su marido con una amante, le ha disparado varios balazos sin llegar a matarle. Partiendo de aquí, Cukor desmenuza la llamada guerra de los sexos de forma irónica e inteligente, llegando a la tesis final de que el amor puede trascender esta pugna inevitable: el amor puede limar estas asperezas sociales, y puede servir de colchón optimista a los más que inevitables choques de género. Mucho ha llovido desde 1.949, y el problema -lejos de tomar los derroteros optimistas previstos por La Costilla de Adán- ha empeorado de forma trágica y sangrienta.
El pasado 25 de Noviembre hemos conmemorado el Día contra la Violencia de Género. Yo no soy demasiado amigo de este tipo de eventos o días fetiche. Creo en el tópico consistente en que a una causa se la sirve de forma diaria y constante, a través de un trabajo continuado para lograr su consecución. Los Abogados tenemos mucho que decir en esta dura cuestión. Diariamente, pasan por nuestros Despachos profesionales personas maltratadas, física y psicológicamente, que recaban el auxilio -muy a menudo cicatero- de los Tribunales en defensa de sus derechos.
Se han sucedido múltiples declaraciones al respecto en estos días. Las distintas Concejalías de Mujer de los Ayuntamientos Serranos han organizado distintos actos, seminarios, proyecciones cinematográficas y demás eventos relacionados con el caso. Y todo esto es perfecto y adecuado, si bien este complejo asunto puede reducirse, en la práctica, a uno solo: la mujer maltratada debe denunciar. Debemos lanzar este mensaje de forma insistente y constante. La mujer maltratada tiene que romper la barrera impuesta por el miedo, y atreverse a invocar la protección de la Justicia en su problema.
A partir de este momento -el de la Denuncia- el problema deja de ser doméstico y se convierte en un problema de todos. Y es, también a partir de este momento, cuando la mujer maltratada debe ser objeto de toda la protección institucional posible, de toda la ayuda oficial o extraoficial posible y justa. Hace poco, decíamos los falangistas en otros foros que, en orden a la llamada violencia de género, los Ayuntamientos tienen mucho que decir por razón de su cercanía al Ciudadano. Debemos apoyar -y fomentar- la creación y refuerzo de servicios de apoyo institucional que, por encima de los partidos políticos, tengan como única misión la orientación y ayuda a las víctimas. Orientación en la Denuncia y conexión fluída con los Colegios de Abogados, al objeto de poder prestar a estas mujeres ayuda inmediata y gratuíta de carácter procesal. Sería maravilloso que las afectadas por esta lacra social supieran que, por encima de toda circunstancia, pueden acudir a su Ayuntamiento en demanda de ayuda. A diez minutos de su Casa puede encontrar los resortes para comenzar a cambiar su vida.
Lo que, desde luego, parece innegable es que la solución de este problema se encuentra muy lejos de las medidas paliativas inmediatas y de choque. Se encuentra en las escuelas y en los hogares españoles. Se encuentra en el seno de la familia, educando a los niños en los valores de la igualdad y del respeto mútuo. Porque ese, y no otro, es el origen del problema: la absoluta inexistencia de un criterio educativo firme en estos aspectos. En realidad, y profundizando un poco más en la cuestión, nos encontramos con que, a través de la adecuada realización de las políticas de conciliación, podría -tal vez- revitalizarse la vida familiar. Hoy en día, la vida familiar se encuentra bajo mínimos, enterrada debajo de la losa impuesta por unos horarios de trabajo rígidos y demoledores. La educación en la familia en conjunción idónea con la que recibe en el ámbito escolar, el convencimiento claro en el niño del valor de la igualdad y del respeto al otro, reducirán en el futuro este problema. Siempre y cuando seamos capaces de reconducir esta cuestión dentro de variables manejables, alejadas de posiciones falsamente doctrinarias o innecesariamente maximalistas.
Otro factor a tener muy en cuenta en esta materia es la fragilidad existente en los mecanismos de integración inmigrante. En la inserción dentro de nuestra sociedad de personas cuyos valores, en muchas ocasiones, no resultan coincidentes con los mismos. Culturas de escaso -cuando no nulo- respeto hacia la figura femenina, cuya pretendida igualdad con la nuestra se nos predica desde las instancias administrativas competentes. Debemos de perder esos complejos, y situar a todos bajo el imperio de la ley. Debemos reafirmar nuestra evidente superioridad moral y, en consecuencia, pugnar por el respeto de todos hacia la ley de todos. Lo demás es pura demagogia.
La Costilla de Adán contemplaba un final feliz. Una sociedad salvada a través de la solidez del respeto mútuo entre la pareja. Del valor de la inteligencia y del amor... ¿nos atrevemos a soñar con ello?