JOSÉ ANTONIO Y EL VALLE DE LOS CAÍDOS
Publicado en el Núm. 98 (ÉPOCA II) de La Gaceta Escurialense.

Anda el patio revuelto con la definitiva redacción y más que previsible aprobación de la tan traída y llevada Ley de Memoria Histórica. Finalmente, y con el voto vergonzoso y vergonzante de un Partido Popular en precampaña, la Ley saldrá adelante. Será resueltamente aprobada por las Cámaras y la tendremos en vigor a lo largo del año 2.008. Y esta Ley, que ha levantado una viva polémica entre sectores sociales enfrentados, también ha propiciado el inicio de un interesantísimo debate dentro del falangismo. El debate sobre si el cuerpo de José Antonio debe continuar enterrado en el Valle de los Caídos o si, por el contrario, debe ser trasladado a otro lugar. Un debate tan antiguo casi como el propio falangismo.
El cuerpo de José Antonio descansa en el Valle por voluntad del propio Francisco Franco. Originariamente enterrado en nuestro Monasterio de El Escorial, es trasladado al Valle de los Caídos cuando acaban las obras del mismo. Y el cuerpo de José Antonio se va trasladando de un lugar a otro en una gigantesca operación de marketing político que parecía no tener fin. Y es que los dos enterramientos del Altar Mayor se deben a la voluntad del Jefe del Estado correspondiente a cada fase histórica. Es Franco quien lleva a José Antonio allí. Y es el Rey -curiosa circunstancia- quien decide el enterramiento del otrora Caudillo en el Valle.
Y es que la leyenda negra sobre el franquismo afirma que fue Franco quien, durante la construcción del monumento, decidió que también él se enterraría en su interior y escogió el lugar. A juicio de los defensores de Franco, el objetivo de esta mentira es claro: establecer similitudes entre Franco y un faraón con su pirámide. Sin embargo, nos cuenta Minuto Digital una versión de los hechos bastante más desagradable para los enfervorecidos corifeos de esa cursilada llamada Memoria Histórica. Resulta que fue el propio sucesor de Franco quien, recién proclamado Rey tomó tal decisión.
El 22 de noviembre de 1975, Juan Carlos I comunica al Abad de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos que le entrega los restos mortales de Franco para que los entierre en un lugar de máximo honor dentro de la Basílica. Al parecer, la familia Franco había previsto que el anterior Jefe del Estado descansara en un panteón privado dentro del Cementerio de El Pardo, pero el deseo de nuestro Rey de honrar a quien le facilitó el Trono de España, impuso el descanso eterno de Francisco Franco en la Basílica. El Documento ha sido profusamente expuesto en varios Medios de Comunicación durante esta semana.
Sin embargo, la situación de José Antonio es mucho más delicada. Se trata de una figura pública que no conoció el Régimen de Franco y que fue asesinado en los mismos inicios de la Guerra Civil. Y esta situación meramente histórica viene agravada por la evidentemente política. Porque la figura de José Antonio resultó utilizada por el anterior Régimen. Porque el falangismo resultó tergiversado, manipulado, instrumentalizado y depreciado por los resortes ideológicos franquistas, siendo la figura del Fundador de La Falange el mascarón de proa de esta operación de escamoteo ideológico a gran escala.
El falangismo es sencillo y popular. Tremendamente modesto en sus formulaciones públicas. De ahí que, a un cada vez más amplio sector de falangistas, no guste en absoluto el lugar en el que reposan los restos de José Antonio. El faraónico Valle de los Caídos, si bien obedece a una idea loable en principio -el respeto y el culto a los Muertos de España sin distinción de ideologías- no parece el lugar más adecuado para el descanso eterno de nuestro Fundador. Y ello por dos razones esenciales: porque su figura resultó instrumentalizada por un Régimen profundamente contrario a lo que en vida propugnó y porque, a través del simple estudio de su vida y de su obra, podemos afirmar -con absoluta seguridad y certeza- la circunstancia de que a él no le habría gustado estar allí.
El falangismo se encuentra, por tanto, dividido también en esta importantísima cuestión. Divisiones falangistas como parte de nuestra complicada historia. De un lado, los falangistas que creen necesaria una defensa irreductible del Valle de los Caídos, en su versión primigenia e inicial de lugar de honor y culto a los Muertos de ambos bandos de la contienda civil. Para este sector, José Antonio debe reposar en La Basílica -en el Altar Mayor- tal y como se encuentra en la actualidad y sin varíar ni un ápice esta situación fáctica. Sin embargo, para otros falangistas, se debería aprovechar la revanchista Ley de Memoria Histórica zetapera para replantear la situación de José Antonio en el Valle. Sacarle de ahí, y dar a sus restos un destino más adecuado a nuestra doctrina. A nuestro modo de ver y de sentir el mundo.
Debe además tenerse en cuenta, además, que este año 2.007 será el último -por imperativo de la Ley pactada entre el PP y el PSOE- en que podremos llevar nuestra Corona anual ante la Tumba de José Antonio. La Marcha de la Corona, un verdadero hito en la formación de todo falangista y una ceremonia nocturna cargada de simbología y crecimiento interior, deberá finalizar a partir del 2.008. El Valle de los Caídos no podrá ser el marco de ningún acto de naturaleza política. Al menos falangista porque, y si no al tiempo, lo van a saturar de actos políticos en el futuro. Actos organizados por las distintas izquierdas que pueblan el territorio nacional. Ese quítate tú pa ponerme yo del que tanto y tanto han hecho gala a lo largo de la reciente Historia de España.
Existen rumores de una gestión realizada por la Familia Primo de Rivera acerca de esta posibilidad. Se habla de un panteón familiar en la Sacramental de San Isidro en Madrid. Trasladarle a otro lugar antes de que nuestro Gobierno convierta el Valle en un parque temático de los horrores. Ojalá. Porque, yo y por si no os habéis dado cuenta, soy de los que creen que José Antonio debiera haber salido de allí hace mucho -pero que mucho- tiempo. Y mientras tanto, por supuesto, acudiré a nuestra Marcha de la Corona en su más que posible última edición. Ya os avisaremos.