HEY!!!

De tanto ocultar la verdad con mentiras
Me engañé sin saber que era yo quien perdía
De tanto esperar, yo que nunca ofrecía
Hoy me toca llorar, yo que siempre reía
(Me Olvidé de Vivir. Canción de Julio Iglesias)
Otra vez uno de esos aburrídisimos aquellarres organizados por la pseudoizquierda progreta. Como si -de verdad- interesara al pueblo español la vida sexual de Julio Iglesias. Este sector político quiere cubrir su más que evidente retroceso -como un tanque pesado en medio del campo de batalla- envuelto en las cortinas de humo extendidas por sus lanzadores laterales y en medio del ruido provocado por las explosiones de su propio cañón. Son cada vez menos y están desprestigiados: son como una unida banda de monos aulladores dentro del conjunto general de nuestro pueblo. Unos ciudadanos españoles castigados por la pobreza, el alza de los precios, la delincuencia en ascenso, la precariedad del empleo y la ausencia absoluta de futuro. Tengo la sensación que estos aburridísmos shows mediáticos -estos Autos de Fe cutres y laicos- ya no les funcionan. La sociedad está en otras cosas y piensa distinto y todos estos -al igual que se resistían a morir los apaches de Jerónimo escapados de la Reserva- no son más que la traca final y el estertor -muy poco heróico- de una tribu desesperada. Cada vez menos y cada vez más arrinconados.
Lejos de lo que puedan creer todos estos indocumentados, los principios informadores del Estado de Derecho -los sólidos pilares de toda sociedad civilizada- están establecidos para defendernos a todos y, en especial, a los más débiles frente a los poderosos. El principio de presunción de inocencia -por ejemplo- no es una añagaza machirula ideada para esconder conductas vergonzantes. Consiste -increíble que en pleno año 2.026 esto haya de reiterarse y de defenderse- en la afirmación de que nadie pueda ser condenado sin haber pasado antes por un procedimiento judicial previo con todas sus formalidades procesales.
Es decir, lo contrario a lo que le está pasando a Julio Iglesias. Las acusaciones vertidas por las presuntas empleadas del cantante son lo suficientemente graves como para iniciar un proceso penal: un viejo y sólido proceso penal dotado de todas las garantías para las partes y cuya conclusión determine la condena o la absolución de la persona. Qué lo vamos a hacer: soy un viejo fascista heteropatriarcal que prefiere esto a la Ley de Lynch.
Aquello de la persecución inmisericorde y de la pública condena sin proceso previo se viene repitiendo -con tediosa regularidad- mediante campañas orquestadas siempre desde las mismas trincheras embarradas de las proximidades del poder y siempre también con el mismo modus operandi. De la denuncia anónima en el medio digital elegido se salta a los programas televisivos de máxima audiencia, a los periódicos más leídos y a las Redes Sociales. Queda así sazonada y servida la ejemplarizante ejecución de la persona a quien le toque. Están más vistos que el tebeo. Y esta vez, en concreto, se nos ha presentado en la bandeja de esa transversalidad que -de las conductas sexistas- era proclamada por la progresía después de haber sido pillada in fraganti en estas cochinadas. Así se deduce del muy objetivo tratamiento dado por la TVE de la cuestión en el que, nada más y nada menos, se presenta a Julio Iglesias como el cantante del Partido Popular. Y luego dirán que el socialismo español no es igualitario cuando, lo cierto y verdad, es que está procurando por meternos a todos en el mismo pozal de gallinas. Perdone caballero, nos dirán con el meñique levantado: guarros -lo que se dice guarros- en esta España somos todos.
Julio Iglesias ya tiene una defensa y, al parecer, una consistente estretegia jurídica. Voy a añadir un consejo gratuíto dotado de una eficacia contundente. Yo creo que Julio Iglesias debería comprarse el chiringuito de ElDiario.es, y ello con cuidado de pagar por él lo que efectivamente vale y no lo que Ignacio Escolar dice que vale. Y una vez teniendo en sus manos este baluarte del periodismo democrático, convertir el dichoso portalito en una Web de glorificación de la vida y la obra de Julio Iglesias: vida, anécdotas, canciones, letras, videoclips y curiosidades del artista después, claro está, de disculparse públicamente por esta charranada. Y así todos contentos. Por imaginación, y ganas, que no quede.