EXTRAÑAS Y LEJANAS GUERRAS

25.06.2007

Publicado en el Núm. 80 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Seis Soldados de España han muerto por la Patria esta semana. Seis Caballeros Legionarios Paracaidistas que mueren por España ante la indiferencia general. Ante una Nación que, ni tan siquiera, sabe que nuestros Soldados están cumpliendo una difusamente denominada misión de paz. Ante la absoluta indiferencia de la Nación que, solo y exclusivamente, los recuerda y respeta cuando mueren. Y es que esas guerras nos son muy lejanas.

El Ejército Español ha dejado de ser un instrumento al servicio de nuestros intereses estratégicos. Nuestros Soldados velan sus armas no en interés exclusivo de los españoles, sino de una Comunidad Internacional que requiere sus servicios en conflictos armados absolutamente ajenos a los intereses nacionales de España. La mayoría de las veces, y esto es lo triste, nuestro Ejército está empeñado en absurdas guerras de contenido imperialista, sirviendo de refuerzo a las fuerzas estadounidenses. Nuestro amigo americano dicta la política internacional y decide las intervenciones militares en una determinada zona. Una vez decidida y dotada de un armazón más o menos legal -casi siempre al amparo de los dictados de una controlada y dependiente ONU- entran en juego los distintos Ejércitos intervinientes, estableciéndose en la zona o región en cuestión.

Los socialistas iniciaron su mandato con un hecho esperanzador y muy bien recibido: la salida de nuestras tropas de Irak. Sin embargo, y sin duda para compensar, nos han seguido metiendo en lejanas guerras totalmente ajenas a nuestros intereses nacionales. Afganistán y Líbano son dos claros ejemplos de ello. A mí me gustaría que alguien me explicara, de forma convincente, qué es lo que están haciendo allí nuestros Soldados. Alguien que no recurriera a los manidos tópicos del orden internacional, las misiones humanitarias o la política contraterrorista. Porque, con independencia del nombre que se las quiera dar, estas misiones exteriores constituyen operaciones militares armadas que intervienen en el orden interno de determinado país. En otras palabras... cada vez que nuestro Ejército se embarca en una de estas expediciones humanitarias, lo cierto es que nos estamos metiendo -casi siempre de lleno- en una guerra. En un conflicto armado.

Y esto contrasta fuertemente con la moral imperante en nuestra sociedad. Este contraste sólo puede ser definido de una forma: hipocresía. Hipocresía moral y política. De un lado, se fomentan valores profundamente antimilitaristas en todos los sectores sociales españoles. Prima un pacifismo no siempre bien entendido. Enfermizo la mayor parte de las veces. La misma campaña de alistamiento a las FFAA es una prueba de ello. Los soldados, en los spots dedicados a este fin, serían una especie de cooperantes de ONG. Pacíficos grupos humanos que ayudan a la estabilidad y desarrollo de un lejano país. Así, la imagen que se brinda al español medio es la de un Soldado light. Una especie de repartidor de magdalenas absolutamente alejado de cualquier función armada o violenta. Ajena a cualquier idea de individuo que lucha y muere, y que es portador de la suprema fuerza coactiva de la Nación.

A esta peculiar visión de nuestros Ejércitos, se une la formada por lustros de derrota moral. De ausencia de una cultura de respeto y ennoblecimiento de la función militar. Nos falta estudio de nuestra Historia. Nos falta respeto a nuestros Muertos y a nuestros hitos de armas. No se inculca cariño popular a nuestro Ejército.

España necesita -más que nunca- Soldados profesionales porque, paradójicamente, España participa en muchísimas más guerras que en el pasado. Y de una parte, podemos afirmar que actualmente siempre estamos en guerra pero, de otro lado, se ha perdido el cariño hacia la profesión militar estrictamente considerada. Es decir, afecto social hacia el Soldado tal y como debe ser, y no como gusta ser retratado en las campañas publicitarias de nuestro Ministerio de Defensa.

De esta forma, nuestros Soldados luchan y mueren en extrañas y lejanas guerras. Conflictos que en nada afectan a los intereses nacionales, y que constituyen un auténtico derroche de medios materiales y humanos. Guerras en las que mueren nuestros mejores jóvenes, en medio del desinterés general de la Nación. Por esta razón, los falangistas -siempre opuestos a estas intervenciones armadas exteriores- creemos que debemos exigir, machacona e insistentemente, el regreso de nuestras tropas. La misión de nuestros Ejércitos no es la de servir en operaciones de dudosa utilidad política y de nulo interés nacional.

Mención aparte, como siempre, merece el papel de nuestro Rey en estas últimas ceremonias de duelo. Como suele ser habitual, nuestro Comandante en Jefe ha preferido atender a sus compromisos internacionales -hoy tocaba China- que al dolor de sus Soldados. Recordad que hizo exactamente igual en el caso de la última Soldado caída en Afganistán. Nosotros lo decimos siempre: si el Rey ya no sirve para estas cosas... ¿entonces para qué está? Comienza el verano. Le veremos en competiciones de vela y demás saraos borbónicos estivales. Le veremos hasta hasta la saciedad. Sin embargo, no le vimos ayer en medio del dolor de los Soldados españoles. Con detalles como el de ayer, se ensancha el abismo existe entre la institución y el pueblo. Entre la diversión perpétua y el sincero dolor militar.


Pedro Peregrino - Calle la provincia 5. Burgos. 09128
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