ÉRAMOS POCOS...

25.11.2007

Publicado en el Núm. 102 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Se descuelga Zaplana pidiendo en el Congreso la ilegalización de los difusamente denominados partidos fascistas y xenófobos. Éramos pocos y parió la burra. Considera el líder popular que esta clase de formaciones políticas no caben dentro del normal juego democrático. Por tanto, y a tres meses de las Elecciones Generales, presenta una proposición parlamentaria tendente a la ilegalización de estos partidos.

Curiosamente, los socialistas le han contestado de manera perfecta. Y digo curiosamente porque, como ya sabéis, los socialistas, en los últimos tiempos, no suelen caracterizarse por contar con un indicutible, e indiscutido, acierto político. Decíamos que los socialistas han contestado la iniciativa popular alegando que para eso ya tenemos la Ley de Partidos. Es decir, que para iniciar este viaje no nos hacen falta alforjas. En esto, coinciden plenamente con las tesis falangistas al respecto. Tenemos una Ley de Partidos que veda el acceso al juego político a aquellas formaciones políticas que no cumplan con las normas colectivas de una convivencia ordenada. Es decir, que no cumplan con los mandatos de la Constitución y de las distintas y varíadas leyes aplicables. Al igual que ocurre en todo el mundo occidental, las organizaciones españolas cuya finalidad política, o cuyo funcionamiento interno, no concuerden con las exigencias constitucionales pueden ser ilegalizadas. Por supuesto, después de tramitarse el preceptivo Expediente, y siempre que resulten probadas estas circunstancias.

Por esta razón, se trata de un brindis al sol. Y ello porque, al día de hoy, el ordenamiento jurídico español cuenta con instrumentos suficientes para ilegalizar partidos políticos poco escrupulosos con las leyes. Reiterar esta circunstancia no es más que eso: electoralismo. Y del barato. Aunque también cabe la posibilidad de que el Partido Popular quisiera despejar el amplio espacio que se extiende a su derecha. Y aquí tocamos uno de los viejos temas recurrentes de tertulias y corrillos políticos de toda especie. Para la mayoría de nuestros analistas, el Partido Popular habría asimilado a la extrema derecha sociológica, la cual militaría en sus filas de manera cómoda e integrada. Este dato es cierto, sobre todo si se tiene en cuenta el conocimiento que tenemos de tantos y tantos casos de personas que, políticamente adscritas a lo que podríamos denominar extrema derecha sociológica, se encuentran actualmente militando -o simplemente votando- en las filas del Partido Popular. Sin embargo, este dato de análisis está cambiando. Entre otras cosas, porque ha resultado válido -ha funcionado- en circunstancias políticas normales... dentro de las contingencias políticas o sociales usuales de los últimos años del siglo pasado y de principios de este.

Pero estas condiciones están cambiando. Varios hechos confluyentes están repercutiendo en la sociedad española, la cual se encuentra sometida a presiones sociales, o políticas, inexistentes hace tan sólo unos cuantos años atrás. Por ejemplo, las derivadas del hecho inmigrante -con sus diversas variantes negativas- o también las derivadas de la ofensiva nacionalista vasca o catalana. La consecuencia directa de estas diversas tensiones es que exista un tipo de elector cada vez menos conforme con la línea oficial del Partido Popular. Y al no estar conformes, deja de funcionar el esquema existente hasta la fecha. Dejan de estar asimilados los eventuales votantes de la extrema derecha, que piden al hasta ahora su partido posiciones más nítidas o sólidas en relación a varias materias sensibles.

Por tanto, resulta paradójico que el Partido Popular pida la persecución de los fascistas cuando -más que probablemente- personas que podrían responder a esa definición simplista estén militando, o al menos votando, en las filas de la propia opción derechista. Votantes potenciales de extrema derecha que no verán con demasiada simpatía las afirmaciones de Zaplana. Es como buscar unas gafas y, de pronto, darse cuenta de que las llevas puestas. Y aquí puede estar otra de las claves de esta inusitada y perogrullesca solicitud.

Porque es más que posible que el Partido Popular quisiera eliminar la competencia que, de modo gradual pero firme, se está asentando socialmente a su derecha. Ese tipo de elector, al que nos referimos anteriormente, se está desplazando a la derecha. Los votantes anteriormente integrados, pero que ahora buscan respuestas más sólidas frente a los problemas derivados de la inmigración o el separatismo... ¿y qué mejor método de frenar estas opciones que cortándolas de raíz? Ilegalizando opciones políticas representadas por Democracia Nacional o España 2.000 el Partido Popular elimina a los rivales del futuro... a las opciones que, en algún momento del próximo devenir político, destruirán el monopolio que, del voto derechista, vienen disfrutando hasta el momento.

¿Y La Falange? Nosotros creemos que nuestra militancia, así como nuestro electorado, hace mucho tiempo que dejó de estar integrado en las filas populares, y de sentirse cómodo en las mismas (si es que lo estuvo alguna vez). La respuesta la han dado, otra vez, los propios socialistas, espetando a Zaplana sobre la necesidad de dar nombres y apellidos... de reunir pruebas que acrediten que tal o cual opción política debe ser ilegalizada, siendo insuficienciente la simple afirmación difusa. Pues bien. En el caso de que se iniciase algún Expediente de esta clase sobre los falangistas, ello sería considerado por nuestra parte como una oportunidad táctica de primerísimo orden. Entre otras cosas porque no se podría adoptar en Derecho esa veredicto de ilegalización, y saldríamos políticamente fortalecidos. Por tanto, que venga Zaplana acusando con su dedo vengador, porque le estamos esperando con una mezcla de curiosidad e impaciencia.

Pedro Peregrino - Calle la provincia 5. Burgos. 09128
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