ENTRE DOS FUEGOS
Publicado en el Núm. 68/69 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Los falangistas estamos de moda. A tan sólo dos meses de las Elecciones Municipales de Mayo, somos utilizados como arma arrojadiza de los socialistas frente al Partido Popular. Y es que, y de forma hilarante, la tesis de nuestra inefable izquierda es muy simple. Según sus destacados ideólogos mediáticos, los falangistas estaríamos absolutamente identificados con los objetivos tácticos y estratégicos del Partido Popular, y saldríamos a la calle bajo el cielo protector popular para luchar -desde una perspectiva diferente- por estos idénticos objetivos. Los falangistas, al decir de nuestra izquierda más reputada, estaríamos agazapados tanto detrás de las siglas populares, como de las de las distintas plataformas cívicas de defensa de las Víctimas de ETA. De esta forma, somos presentados ante la opinión pública como una auténtica organización en la sombra, infiltrada en el seno de organizaciones legales para cumplir con nuestros siniestros fines de dominación mundial. Algo así como el Doctor NO pero, por desgracia, sin Ursula Andrews.
Crispación e insultos. Los grandes partidos destrozándose en un absurdo juego electoralista, que impide cualquier debate reposado, cualquier intercambio válido de ideas en estos momentos tensos para España. Y, entre dos fuegos, los falangistas. Acusados de infiltración en diversas organizaciones no se sabe bien con qué siniestros fines. La tesis de moda: una organización criminal oculta en el seno del Estado de Derecho. El mismísimo Fiscal General del Estado dice que el Partido Popular nos saca a la calle permitiendo que nos manifestemos. Como si no hubiéramos salido solos a la Calle desde nuestra Fundación. Como si no supiéramos atarnos los cordones de los zapatos solitos...
Esta afirmación es una sandez. Porque, y creo que salta a la vista, para estar sumergidos en una operación de infiltración a gran escala, actuamos con una torpeza infinita. No valemos dos cuartos para este puesto -adjudicado por magnates y mangantes mediáticos- de ayudantes del Doctor Maligno. Porque, para infiltrados, yo me quedo con los del genial Martin Scorsese (por cierto, aunque este es otro tema, qué Óscar más justo, pero qué tardío llega), pero no con los falangistas.
Infiltración. Para los lectores de La Gaceta, por ejemplo, sería muy difícil intentar una operación de esta clase. Y ello porque este maestro de la infiltración -que soy yo- ha venido anunciando desde estas páginas cada paso político que daba al objeto de concurrir a las próximas Elecciones. Asimismo, semana tras semana, habéis tenido la paciencia de leer los puntos de vista falangistas sobre distintas y varíadas materias: desde literatura hasta violencia de género. Todo ha pasado por aquí desde nuestra perspectiva. Y lo mismo ocurre con las Notas de Prensa, sueltos, informes de alianzas serranas (a quién apoyamos y dónde) y demás contingencias normales de la vida de un partido político dentro de la más estricta y absoluta normalidad democrática. Por cierto: nuestros amigos de Falange Española Auténtica acaban de remitir su Comunicado de apoyo a nuestra Lista de El Pacto por San Lorenzo de El Escorial. Otra obra maestra del arte del disfraz político.
Lo decimos tanto que se nos funden los plomos de decirlo, pero es que -claramente- estamos notando, de forma diaria y sistemática, que hay gente que no lo entiende o, lo que es peor, que lo entiende de sobra pero miente. La Falange es un partido político legal, inscrito en el Registro de Partidos del Ministerio del Interior, que persigue fines políticos legítimos y que tiene un funcionamiento democrático. Desde luego, mucho más democrático que muchos de nuestros más feroces críticos. Y es que aquí mismo está el quid de la cuestión, ya que afirmar que nosotros nos estamos infiltrando es presuponer unas finalidades delictivas siniestras que, por supuesto, distamos mucho de tener. El Eje de Mal sólo existe en las calenturientas mentes de los malintencionados puesto que, como resulta obvio, alguien que cumple con las reglas del juego, no necesita infiltrarse en ningún sitio.
Otra cosa es que hablemos ya de palabras mayores. Por ejemplo, las de Almudena Grandes en la presentación de su último libro. Esta escritora afirma que no puede con lo que está pasando, y que -textualmente- fusilaría a dos o tres voces de la derecha española para terminar de una vez con este estado de cosas. En este caso concreto, no haría falta fusilar a nadie: bastaría con obligar al condenado a leerse sus obras completas. Existe una curiosa proporción dialéctica en nuestros escritores: cuanto más aburridos son, más truculencias dicen... ¿os imagináis a Miguel Delibes pidiendo el fusilamiento de alguien?
Y es que la izquierda española siempre ha tenido muy claro qué es lo que se debe hacer con nosotros. La derecha no siempre, aunque siempre se ha mostrado más sutil en este tema espinoso.
Hemos llegado a un punto peligroso. Unos y otros están llegando a un punto inaudito de confrontación. Las acusaciones realizadas a los falangistas no son más que tonterías, pero reflejan una situación triste y más profunda: la imposibilidad absoluta de diálogo entre las principales fuerzas políticas y la utilización de mentiras y falsedades, como estas, sin ninguna clase de medida en esta absurda pugna.