EL REFERÉNDUM
Publicado en el Núm. 9 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Anda el Partido Popular enfrascado en la ímproba tarea de recolectar firmas al objeto de convocar un Referéndum. Mariano Rajoy nos invita a consignar en una lista nuestros atributos ciudadanos -nombre y apellidos y D.N.I.- con el único fin de obligar al Gobierno de Zapatero a convocar una consulta popular sobre el nuevo Estatuto de Cataluña.
El Referéndum parte de una premisa perfectamente válida: la Unidad de España es cosa de todos y, de esta forma, cualquier variación en el status quo legal existente al respecto sería, igualmente, cosa de todos. Si entendemos, como cualquier persona razonable y mínimamente informada entiende, que el nuevo Estatuto Catalán supone una reforma soterrada de nuestro vigente texto constitucional... ¿qué menos que someter esta trascendental reforma a la opinión vinculante del conjunto general de la ciudadanía española?
Los falangistas estamos a favor de un mayor protagonismo de estos mecanismos de participación ciudadana. Creemos en un acercamiento de los resortes del poder político al pueblo. En una potenciación de los instrumentos legales de la democracia participativa y directa. En este sentido, no podemos menos que compartir, al menos en parte, las tesis esgrimidas por los populares en este concreto tempo político.
Sin embargo, y ahondando en las teorías barajadas por el Partido Popular al respecto, se nos abre un amplio abanico de posibilidades políticas. Tomando como base el repentino entusiasmo pepero acerca de los mecanismos de participación directa, y aceptando su tesis del interés colectivo de ciertos asuntos de especial trascendencia... ¿por qué limitarnos a consultar exclusivamente acerca de la procedencia o improcedencia del Estatuto Catalán?
Existen materias de similar importancia, las cuales podrían ser consultadas a los españoles al objeto de obtener refrendo popular. Porque, si la estructura territorial del Estado puede modificarse mediante un simple pacto partidario... ¿no podría modificarse también su estructura política?
Si la institución del Referéndum se pone de moda... ¿por qué detenerse en el concreto asunto catalán? Existen multitud de materias constitucionales que nos afectan a todos, y que deberían ser consultadas a los ciudadanos por meras, y evidentes, razones de salud politica y social.
Se ha abierto la Caja de los Truenos. No nos limitemos a consultar a los españoles sobre este asunto estrecho y chato del Estatuto. Preguntemos sobre materias que, también por el transcurso del tiempo habido desde su establecimiento, necesitan ajuste legal. Por ejemplo, se me ocurren los siguientes asuntos de vital importancia:
¿Por qué no consultamos a los españoles acerca de la Monarquía? ¿Queremos un Rey? ¿Queremos ser representados por un sistema como el actual? Podríamos incluir esta cuestión en el Referéndum de Mariano...
Asimismo, podríamos preguntarnos si, a la vista de los años transcurridos desde la aprobación del texto constitucional, se hacen efectivos los derechos a la vivienda digna, a la educación, a la sanidad, a las garantías administrativas, al desarrollo sostenible...
Y, si consideramos que estos asuntos no se encuentran suficientemente desarrollados, podríamos también opinar acerca de las mejores maneras de conseguir su efectividad plena.
De esta forma, podría entenderse, de manera más completa, la consulta participativa planteada por el Partido Popular. Puestos a opinar... ¿por qué no opinar de todas las cuestiones importantes que afectan a la estructura del Estado y a los derechos y obligaciones ciudadanos? Imaginaos qué maravilla. La papeleta del Referéndum contendría una serie de preguntas y, a su lado, quedarían impresas tres casillas correspondientes al sí, al no y a la abstención. Valga como ejemplo...
¿Esta Usted de acuerdo con la reforma estatutaria catalana? ¿Está Usted de acuerdo con el sistema monárquico de representación del Estado? ¿Está Usted de acuerdo con la existencia de un Rey en la cúspide del Estado? ¿Está Usted de acuerdo en que la Familia Real abone de su propio bolsillo sus gastos ordinarios y extraordinarios? ¿Está Usted de acuerdo en que el Estado garantice el derecho al acceso a la Vivienda de los jóvenes de menos de treinta y cinco años? ¿Está Usted de acuerdo en que el Estado limite los beneficios de la Banca Española y controle los tipos de interés? ¿Está Usted de acuerdo en que los Planes Generales de Ordenación Urbana deban ser aprobados por consulta directa a los vecinos afectados? ¿Está Usted de acuerdo en el planteamiento actual de nuestro sistema educativo escolar y universitario?
Entonces sí, Mariano. Entonces sí acudiríamos a las urnas sin reservas ni esperanzas defraudadas. Porque, si se pretende abrir la espita de la consulta popular, tal vez sea el momento de plantearse la conveniencia de preguntarnos acerca de la simple vigencia de muchas y muchas cosas, consideradas -de forma en extremo pacata y aburrida- como inmutables o inderogables. No me digáis que no resulta tentador devolver la Democracia al Pueblo, fomentando la solidez de sus mecanismos de expresión política.
Pero, como ello resulta impensable en los tiempos que corren, habrá que conformarse con el tedioso Referéndum de Mariano, en la absoluta creencia de su imposible concreción. ¡Ah! Lo olvidaba... España existirá con independencia del resultado de esta hipotética consulta, y siempre por encima de las eventuales decisiones políticas que afecten a partes de su territorio: ¿necesita un Referéndum el Partido Popular para reafirmar esta verdad esencial?