EL NUEVO TRIUNFO DE DE JUANA

06.08.2008

Publicado en el Núm. 139 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Se llevaba anunciando como algo irremediable. Como un hecho cierto de necesario cumplimiento. Y es que, finalmente, salió el asesino De Juana Chaos de la cárcel. Con su pena cumplida, este buitre impresentable se dispone a iniciar una nueva vida. Sin mostrar ni un ápice de arrepentimiento o de autocrítica y a muy pocos metros de las víctimas. Al parecer, lo primero que ha hecho al salir ha sido respaldar, por medio de una carta pública, la continuación de la lucha armada: de los asesinatos y de la extorsión nacionalista. El directo responsable de veinticinco asesinatos sigue incitando a que otros salvajes continúen su obra de destrucción y muerte. De todas formas, se ha escrito mucho sobre esta sensación colectiva de impotencia y de frustración. El sentimiento de perplejidad de una sociedad asistiendo a este espectáculo lamentable. A esta tomadura de pelo de los asesinos hacia las personas decentes. Se ha escrito mucho sobre ello, y dudo que yo vaya a aportar nada nuevo a esta triste cuestión. Sin embargo, todos tenemos derecho al pataleo. Y yo, sin duda, lo ejercito como puedo y donde puedo.

La salida a la calle de De Juana tiene dos lecturas. La primera, y obvia, es la estrictamente legal. El sistema penal español ha juzgado y condenado, en su momento, a esta sabandija nacionalista. En consonancia, y cumplida la pena impuesta, procede la puesta en libertad del individuo. Puro Derecho Penal clásico. Sin embargo, es justo aquí donde empieza a desarrollarse la segunda posible lectura. Porque si bien es admisible entender que, en este caso, se ha producido un estricto cumplimiento de la pena, no es menos cierto que esta concreta circunstancia constituye un fracaso evidente de nuestro sistema penal. El lamentable asunto de De Juana nos ofrece una muestra apasionante entre lo que la sociedad entiende como ético y lo que constituye una cuestión puramente legal o, si preferís, legalista. Algo va mal cuando un sistema legal no es capaz de hacer que, al asesino de veinticinco personas, no pueda corresponderle una pena de más de un año de prisión por cada una de ellas. Porque resulta evidente que, desde un punto de vista ético, no nos salen las cuentas. De Juana ha cumplido menos de un año de prisión por cada una de ellas y, de esta forma, llegamos a la gravísima conclusión de que le ha salido barata tanta muerte. Si a esto le añadimos que nuestras leyes de procedimiento no han sido capaces de lograr la indemnización de las víctimas -de sacar al bueno de De Juana un solo euro para abonar las cuantías de los daños a las víctimas- no es necesario ser un intelectual del Derecho para llegar a la premisa de que este sistema penal no sirve. Al menos en lo tocante a los terroristas de la banda nacionalista ETA. Ni penas de privación de libertad acordes a la enorme magnitud del daño, ni posibilidad de resarcimiento económico del mismo. Para colmo de triste recochineo, se comenta que se ha producido una remisión de las penas mediante aportación de certificaciones académicas falsas. Qué bien. Este panorama desolador nos muestra un engranaje legal que no funciona y que, de forma inmediata, debe ser reformado en garantía no sólo de los valores éticos comunes a cualquier sociedad civilizada, sino en legítima satisfacción de los derechos de las víctimas. Los falangistas, en este sentido, llevamos lustros luchando por el establecimiento de un sistema penal-penitenciario capaz de dar respuesta a estas cuestiones. O, en otras palabras, capaz de ser más duro con los malos sin renunciar -ni un milímetro- al matiz de reinserción que el íntegro cumplimiento de la pena tiene en nuestra sociedad occidental.

Y es en este punto donde se genera una de las más peligrosas consecuencias del debate social en torno al caso de De Juana. Porque corremos el riesgo de que esta justísima indignación nos haga olvidar las supremas razones de nuestra lucha cívica. Ante este asesino que, libre y sonriente, ha comenzado a pasearse delante de sus víctimas, es comprensible -por humano- extremar nuestras posiciones políticas. Perder nuestros puntos de referencia en aras de un deseo visceral de más dureza en la Justicia. Pedir la muerte frente a los que postulan la muerte. Crimen frente a los criminales. Desde este delicado punto de vista, se trataría de una nueva victoria de De Juana ya que -por medio de estas crispadas peticiones de ojo por ojo- nos habría igualado a todos en su conducta criminal. Seríamos exactamente igual que él puesto que, de un modo u otro, nos hace desear lo mismo que él desea: la eliminación física del adversario. La aniquilación -ajena a cualquier idea de piedad o de perdón- del enemigo. Igualarnos, en definitiva, por el repugnante rasero de la sangre. A mi modo de ver, ese es uno de los más graves riesgos de este asunto: llevarnos a justificar las mismas posiciones éticas que hacen a De Juana empuñar las armas. La muerte y una nueva victoria de esta rata. La excusa ideal para los nuevos reclutas del rancio nacionalismo asesino.

Y es que el caso de De Juana debe ser analizado -siempre- con la cabeza fría. Siempre a través de nuestras más fuertes convicciones. Tengo el convencimiento de que el nacionalismo, a raíz de la puesta en libertad de este sujeto, está buscando precisamente este tipo de actuaciones políticas para autojustificarse. El nacionalismo es, por su propia esencia, victimista. Necesita demostrar la maldad ajena para reafirmar la bondad propia. En este sentido, los falangistas nos estamos dejando arrastrar a una vorágine de anhelo de venganza... a una petición in crescendo de soluciones duras e irracionales frente a la injusticia. Dentro de esta lógica pretensión, se enmarcan nuestras últimas actuaciones públicas. Se ha llegado a solicitar la restauración de la pena de muerte en nuestro ordenamiento jurídico. Qué barbaridad. Yo no creo en la pena de muerte como posible solución estatal a ningún problema de orden público y, en este sentido, la entiendo felizmente erradicada no sólo de nuestra legislación, sino de la de todo el mundo occidental civilizado. Creo compatible una profunda reforma legislativa que, al tiempo que endurece las condenas por esta clase de delitos, deje abierta la puerta a posibilidades de reinserción social. De una sociedad capaz de perdonar y de olvidar siempre que se den para ello las necesarias condiciones de respeto y arrepentimiento. Porque, en otro caso, ellos volverán a vencernos. Calma y lucha firme frente al terror.

Pedro Peregrino - Calle la provincia 5. Burgos. 09128
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