CONTINÚA LA OFENSIVA RUSA

06.10.2024

Oscurecida por los recientes acontecimientos de Oriente Medio, la toma de Vuhledar por el Ejército Ruso ha sido ignorada por la gran mayoría de la opinión pública occidental. El Ejército Ucraniano lleva meses enfrentándose a una constante acción ofensiva rusa. A fuerza de pérdidas materiales y humanas -nunca dejará de asombrarnos el desprecio de la Federación Rusa por la vida de sus soldados- están consiguiendo avanzar y consolidar sus posiciones. Una ola de negra tristeza lleva sacudiendo Ucrania también desde hace meses. Los ucranianos se aprestan a encarar un invierno más de combates, los muertos se cuentan a centenares y los daños materiales -las infraestructuras ucranianas- se han salido ya de cualquier cuantificación lógica en su importe. Pude ver hace unos días las imágenes del entierro -en su pueblo natal- de un soldado caído en combate: una larga procesión de camaradas de armas y de amigos y de vecinos seguía al féretro -envuelto en la Bandera- con la actitud fúnebre y respetuosa que tan sólo podemos entender al considerar que este pueblo sufrido lleva años de lucha desigual frente a un poderosísimo invasor. Olga Tarnovska -la valerosa comentarista ucraniana que nos ofrece sus crónicas en español- comentaba que podía percibir como hasta los perros habían adoptado una expresión triste similar a la que flota entre los humanos: las mascotas habían adaptado su actitud cotidiana a este siniestro baile de la muerte. Los analistas siguen analizando los combates. Día tras día, se nos habla de las emboscadas de drones, de las tácticas de infantería o de las campañas de destrucción planificada de la ciudades mediante ataques de misiles. Pero esta Guerra -como todas- tiene un indiscutible semblante humano: esos rostros de dolor que nos hablan diariamente por medio de las imágenes del conflicto. Los rostros de dolor de un pueblo mártir.

Se ha comentado mucho el Plan de la Victoria de Zelensky. Tampoco se sabe demasiado bien -ya a estas alturas- en qué consisten sus principios rectores. Sin embargo, estoy muy de acuerdo en que cualquier plan de paz que el conjunto de las naciones civilizadas puede proponer debe rechazar la equiparación de la víctima con el verdugo. La paz en Europa no puede venir dada por una cesión ucraniana de soberanía o de integridad territorial: el acuerdo pasa, inevitablemente, por una retirada del Ejército Ruso de los territorios arrebatados por la fuerza. Entenderlo de otro modo sería equivalente a conceder un premio al agresor. Además, todo armisticio debería basarse en el escudo protector de la OTAN sobre Ucrania en el futuro, permitiendo su libre y definitivo acceso a esta organización defensiva como miembro de pleno derecho. Yo no bajo el listón de la paz -al igual que no lo bajan los miles de soldados ucranianos que siguen resistiendo- y creo en el regreso de todos los prisioneros y de los menores secuestrados, en el procesamiento internacional de los dirigentes rusos, y en la recuperación íntegra de todo el territorio ucraniano.

Una ola de fatalismo bélico recorre Europa. Mucho Gobiernos comunitarios ya han dado como algo seguro un enfrentamiento bélico con la Federación Rusa en un futuro próximo. Europa se rearma con la mira puesta en un conflicto armado de gran intensidad. Al final, el tiempo nos ha venido a dar tristemente la razón: a Putin se le debía de haber frenado mucho antes porque su intención no era, ni es, otra que chocar con la OTAN. Y no puedo dejar de pensar en el hecho evidente de que ese enfrentamiento puede evitarse mediante la derrota actual del Ejército Ruso. Ayudando a Ucrania con todo y sobre todo y sin miedo a la respuesta de Putin. Rusia ya está en guerra con nosotros y Europa -en un más que discutible afán pacifista- se da por no enterada, mira para otro lado, y confía en que este enorme choque histórico llegue lo más tarde posible. Me resulta triste pensar que Occidente sepa que no puede hacer frente a Rusia en este año de 2.024, y que, al igual que no tiene reservas de munición ni de armamento para un combate prolongado en el tiempo, tampoco tiene lo suficientemente preparada a su opinión pública respecto a los sacrificios que esta contienda exigirá.

Si esto fuera cierto, resultaría que Ucrania -con su lucha heróica y constante- está ganando tiempo para nosotros: que el sacrificio del pueblo ucraniano está siendo aprovechado por los Estados Mayores Europeos para planificar -con mayor exactitud y con menor urgencia- este colosal enfrentamiento venidero. Y somos muchos los que creemos que esto ni es justo ni es estratégicamente acertado. Porque estamos dejando para mañana los que podemos hacer hoy.   

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