ABURRIMIENTO Y LUCHA SOCIAL
Publicado en el Núm. 143 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

Si no fuera porque los falangistas somos como somos, deberíamos decir que cada día resulta más aburrido hacer política municipal en San Lorenzo. Política de oposición, se entiende. Gobierna desde siempre -forever and ever- el Partido Popular con mayoría absoluta. Y eso, conforme a los parámetros de esta democracia deficitaria que padecemos, supone la circunstancia de no tener que convencer a ninguna otra fuerza política para gobernar. Ausencia de pactos y, correlativamente, ausencia de diálogo social con cualquier fuerza política o social que no sea -en sentido estricto- afín a las posturas del partido político gobernante. Aburrimiento y visión unilateral del poder. Ventajas... dicen los que mandan. Vicios carpetovetónicos... decimos nosotros.
Una muy buena amiga mía -la cual regenta un comercio en el centro mismo de nuestro Pueblo- se me quejaba amargamente hace unos días por causa no sólo de las increíbles -por altas- subidas de impuestos municipales, sino por la total falta de facilidades para proceder a su pago. Se me quejaba -yo creo que con justa razón- del mal estado del comercio en el centro de San Lorenzo. Impuestos altos, bajada de las ventas y falta de una promoción municipal eficaz. Y, ante estas quejas, yo tan sólo podía aducir que las reclamaciones al maestro armero. Sobre todo cuando, como es nuestro caso, ese estado de malestar luego no tiene una automática traducción en las urnas. Porque la gente se queja muchísimo. Todo el rato y a todas horas. Pero a la hora de dar su voto... se lo sigue dando a los mismos. Curioso resultado dentro de un tejido social que se queja constantemente -si bien en voz baja- pero que permite -elección tras elección- que sigan gobernando los mismos. Extraña percepción de las posibilidades ciudadanas en orden a un eventual vuelco político en nuestro Pueblo. Cero más cero igual a cero.
Se queja mi amiga, y sé que soy muy injusto con ella. Me consta que ella no ha votado a los mismos y que, en la medida de sus posibilidades, hace lo posible para lograr ese cambio que algunos deseamos. Sin embargo, fue otra de sus afirmaciones la que me dejó de una pieza. Transportado -literalmente- a otra época y a otro lugar. Mi amiga dice que nosotros -los falangistas- somos muy valientes a la hora de hacer política. Y ello porque vivimos en este Pueblo y porque, por esta misma razón, podemos resultar socialmente acosados al enfrentarnos a un tejido social firmemente arraigado. Sostiene que por marchar contracorriente podemos vernos perjudicados en muchas facetas personales y mercantiles. Perjudicados por pensar distinto. Ella -por supuesto- me lo dice con distintas palabras poco reproducibles en este bien educado medio. Y lo hace guíada por la amistad y por el cariño que nos tiene.
La verdad es que yo no he notado nada. Ni aislamiento social. Ni amenazas de ninguna clase. Ni, tan siquiera, han asomado la cabeza todavía nuestros amigos pacifistas de la extrema izquierda antifascista (al parecer, y al día de hoy, demasiado ocupados en la defensa pública de las muy pacifistas FARC colombianas). Nadie. Nadie ha tomado en nuestra contra represalia alguna. Como era de esperar, por otra parte, si consideramos el grado de civilización que tiene nuestro Municipio. Sin embargo... lo grave no es esto. Este tipo de hipotéticas coacciones -más o menos suaves o veladas- entra dentro de la emoción del falangismo y, por esta misma razón, son asumidas con naturalidad pasmosa por todos aquellos que piensan -que viven- como yo. Ni humanamente. Ni profesionalmente. Ni socialmente. Al menos que sepamos.
Lo verdaderamente grave es que existan -en la España de Septiembre de 2.008- este tipo de percepciones y este tipo de admoniciones. Como si el solo hecho de vivir bajo la cobertura de un Estado de Derecho no bastara para realizar una actividad política legítima. Aunque sea en el seno de una muy minoritaria oposición. Lo que a mí me parece extremadamente preocupante de esta historieta es que puedan tan siquiera plantearse esta clase de sentimientos vecinales y que, más preocupante todavía, puedan ser expresados como hecho cierto e indudable. Porque, en ocasiones, dar por hecho esta clase de represalias sociales resulta aún peor que sufrirlas. Denotan un indudable matiz de miedo a hacer oposición. Miedo a luchar por lo que uno cree.
Y así, las corrientes políticas mayoritarias siguen campando por sus respetos. Entre el desinterés y el miedo del común de los ciudadanos. Olvidando que, para que San Lorenzo de El Escorial, cambie... para que la Sierra cambie... para que España cambie... es preciso organizarse y luchar. Sin miedo y sin complejos. Estructurar profundamente nuestra alternativa y pugnar por nuestras convicciones. Dar un paso al frente y no dejar que luchen los demás por nosotros. Existen muchas cosas que cada uno de nosotros puede hacer. Basta con ofrecerse y comenzar a andar.Y ya veréis que pronto dejáis de lado el aburrimiento y el tedio. Es hora de moverse para cambiar las cosas. Os aseguro que vale la pena. Aunque sólo sea para ver la cara que -invariablemente- se les pone.